
La fibra óptica es un hilo de vidrio, más delgado que un cabello, que transmite información en forma de luz. Es la base del internet de alta velocidad, de las redes de las empresas y de los enlaces que unen ciudades y países. Aquí te explicamos qué es, cómo funciona y por qué casi toda la infraestructura moderna depende de ella.
Qué es la fibra óptica
Es un medio de transmisión hecho de vidrio (o, en algunos casos, plástico) que guía pulsos de luz de un extremo a otro. Cada pulso representa datos: un transmisor convierte la señal eléctrica en luz, la fibra la lleva y un receptor la vuelve a convertir en señal eléctrica.
Partes de la fibra óptica
El núcleo es el centro por donde viaja la luz. Lo rodea el revestimiento, un vidrio con un índice de refracción menor. Encima van un recubrimiento protector, fibras de refuerzo (normalmente aramida) y la cubierta exterior. Un mismo cable puede llevar desde 2 hasta cientos de hilos.
Cómo funciona: reflexión total interna
Como el núcleo tiene un índice de refracción mayor que el revestimiento, la luz que entra en el ángulo correcto rebota en la frontera entre ambos y no se escapa. Así avanza por la fibra aunque el cable tenga curvas suaves, con muy poca pérdida de señal.
Qué tan rápida es
La luz viaja por el vidrio a unos 200,000 km por segundo. Lo que define la velocidad de una conexión no es eso, sino los equipos en cada extremo: la misma fibra puede llevar 1 Gbps, 10 Gbps o mucho más si se cambian los transceptores, sin tocar el cable.
Para qué sirve
Internet en hogares y empresas (FTTH), enlaces entre edificios y sucursales, el backbone de las redes corporativas, centros de datos, videovigilancia en distancias largas y los cables submarinos que conectan continentes.
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